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jueves, 23 de octubre de 2014

FUNDACION YACHASUNCHIS PUKLLASUNCHIS ENTREGAN CONSTITUCIÓN POLITICA A NIÑOS DE LOS PORTALES







La Fundación Yachasunchis Pukllasunchis (antes Asociación), este jueves 23 de noviembre hizo entrega de la Constitución Política del Perú Para Niños, a los alumnos de la escuelita primaria General Velasco Alvarado, del asentamiento humano Los Portales en el distrito de Chiguata.
Cerca de medio centenar de pequeños recibieron tan importante documento, la entrega lo hizo el Coordinador General de la Fundación Yachasunchis Pukllasunchis, Rómulo Leanderas Rodríguez, quién sostuvo que la actividad es parte de la conmemoración del Día Universal del Niño, Niña y Adolescente, que se recuerda el próximo 20 de noviembre.
“Hoy entregamos este material a los  niños, ellos tienen que  leerlo y dentro de una semana todos por categorías entrarán a un concurso de dibujo sobre lo que leyeron de la Constitución y día 20 de noviembre, que se recuerda Declaración de los Derechos del Niño haremos la premiación” informó  Rómulo Leanderas.

A su turno el profesor Rolando Aragón Aramburu, director de la institución educativa, General Velasco, agradeció el gesto de la Fundación Yachasunchis Pukllasunchis. “Esto nos da pie para que reforcemos más sobre los derechos y deberes de nuestros alumnos”.

lunes, 14 de abril de 2014

ENTRAGARON MATERIA EDUCATIVO A NIÑOS

Fundación Mama Clara y YACHAY llegarón hasta Tapay y Chaiña

La Fundación Mama Clara de Noruega en coordinación con la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis YACHAY , cumplieron con llevar material educativo para los niños y profesores del poblado de Tapay y el anexo de Chaiña.
La presidenta de La Fundación Mama Clara de Noruega, la profesora jubilada Erna Berg Rogne de 66 años de edad y el Fundador de YACHAY, el periodista Rómulo Leanderas Rodríguez, llegaron el pasado jueves 10 hasta el poblado de Tapay, donde lamentablemente queda 5 niños en el nivel primario y 4 en el inicial. El motivo es que los padres de los menores en busca de nuevas oportunidades se mudan a Arequipa y El Pedregal.
Y el pasado sábado 12 de marzo, estas dos organizaciones se trasladaron hasta el anexo de Chaiña, en el distrito de Cayarani en la provincia de Condesuyos, donde hicieron la entrega del material educativo a mas de 40 niños.
“Yo quiero que los niños tengan las misma oportunidades de poder estudiar a diferencia de los otros. Siempre vendre para apoyarlos” comentó Erna Berg, quien trabaja junto a YACHAY desde el año 2012.








domingo, 13 de abril de 2014

Tapay, el pueblo al filo del precipicio


Por: Gustavo Zamalloa Quispe

La ubicación geográfica de Tapay no solo complica la idea de cómo sus pobladores han llegado a vivir a un lugar tan alejado y de tan difícil acceso, donde necesariamente debes caminar por espacio de 3 horas, desde Cabanaconde hacia el fondo del cañón del Colca, y proseguir otras 2 a lomo de bestia, cuesta arriba, siempre al borde del precipicio y con la seguridad de que si caes, tu muerte será inminente, a pesar de que los arrieros digan que sus mulas son estables y tienen la experiencia suficiente para no resbalar, salvo algunas excepciones; tal como lo relataron. “No se preocupe, amigo; estas mulas conocen bien su camino. Claro que algunas veces se han resbalado y la caída ha sido maldita. Uy, si le contase; el pobre animal llega al fondo del precipicio prácticamente convertido en nada, la carga se le desparrama por todo lado, y el peso hace que sea imposible salvar a la bestia. Uy, es triste todo eso. El problema es que perdemos una herramienta vital para nuestras labores. Pero usted no se preocupe”, me dijeron. Vaya manera de levantar la moral.
El motivo de nuestra visita a este singular espacio que la naturaleza le ha proporcionado a unos cuantos valientes, fue llevar útiles escolares a los estudiantes de la escuela primaria que, según nuestras primeras investigaciones, solo cuenta con 5 niños. Pero eso lo contaremos más adelante; ahora continuemos con la travesía.
SE INICIA LA AVENTURA
Partimos de Arequipa a eso de las 2 de la madrugada, y junto al presidente de la 'Asociación Yachasunchis Pukllasunchis - Yachay', Rómulo Leanderas; y de la presidenta de la 'Fundación Mamá Clara Norge', Erna Berg Rogne (Noruega), nos dirigimos a Cabanaconde en un viaje de 5 horas en camioneta. Una vez allí, iniciamos la caminata hacia el fondo del cañón, experiencia que, entre otras cosas, me recordó la importancia de estar físicamente preparado para enfrentar contingencias de esta naturaleza.
Aunque los primeros rayos del sol no eran tan agresivos a esa hora de la mañana (7 h), se proyectaba un día caluroso para toda la jornada, y como todo inicio, las primeras reacciones fueron de entusiasmo, a pesar de que vimos nuestro objetivo realmente lejos.
Después de cuarenta minutos de caminata, el río seguía pareciendo un riachuelito, y a consecuencia de las miles de graderías de piedra que habíamos descendido, las rodillas empezaron a temblar dando la impresión de que querían salirse de su lugar, obligando a disminuir la velocidad del paso por los característicos dolores punzantes que no dejan doblar bien las piernas, haciendo cada vez más complicado alcanzar la meta.
Con los dolores más acentuados, y en honor a la verdad, llegamos cansados al fondo del cañón después de casi 3 horas de caminata y con la expectativa de descansar algo durante el ascenso en mula para llegar a Tapay, nuestro destino.

A PASO DE MULA
La sensación de descanso que sentimos al montar las mulas para subir a Tapay fue perdiendo importancia frente al peligro que representaba el paso de estos tercos cuadrúpedos que insistían en recorrer el camino por el borde, teniendo más espacio al otro lado. “Estas mulas parecen burros, porque no entienden”, dijo alguien por ahí.
Fue entonces cuando Lorenzo, el arriero, me hizo volver a la realidad, y con la sinceridad que lo caracteriza, me recordó que soy un mortal como todos y que la posibilidad de morir frente a una eventual caída era tan real como el miedo que estaba sintiendo; miedo que se haría más grande durante el regreso, ya que la subida a Cabanaconde fue en lluvia y a oscuras.
Por fin llegamos a Tapay; es decir, por fin alcanzamos la meta.
Pero alcanzar la meta y ser recibido de manera cálida por sus pobladores es gratificante y necesaria, ya que ayuda a aliviar los dolores musculares, sobre todo de quienes por primera vez montamos una mula para realizar tan apasionante recorrido.
A unos metros estaban mis acompañantes y vi cómo daban sus primeros pasos al bajar de la mula. Sus piernas estaban literalmente arqueadas, y los pasos temblorosos que daban estaban acompañados de un toqueteo de nalgas a dos manos, diciendo a cada instante: “ay, ay, ay, me duele todo”.
En fin, el dolor pasa; aunque eso resulte un decir. Pero lo importante ahora son los niños a quienes debemos nuestra visita.
UN LUGAR QUE SE QUEDA SIN NIÑOS
La escuela primaria de Tapay Nº 40418, efectivamente, cuenta con 5 niños.
Cuando le preguntamos a don Edgar Riveros Llamoca, presidente de la Asociación de Padres de Familia, cuáles eran las necesidades que tenía la escuela, respondió sin dudar que necesitaban más alumnos, y se preguntó una y otra vez, sin poder entender, qué pasa con los jóvenes de ahora que ya no quieren hacer hijos. “Creo que la situación cada vez más difícil y la planificación familiar son la causa de todo esto (sonríe). Yo en cambió tuve 13 hijos, y con la misma mujer”, contó Riveros, agregando que ninguno de sus descendientes siguió su ejemplo.
Pero la problemática va más allá del poco alumnado que tiene la institución, siendo evidentes la pobreza y la falta de oportunidades que ofrece el lugar.
“Mi hermano mayor se ha ido para Arequipa a estudiar la secundaria porque aquí no hay colegio. Ahora está viviendo con otra hermana que ya tiene sus hijos”, dijo Irma Silvia Quico (10), quien más allá del esfuerzo que hace para realizar sus actividades académicas en la única escuela a cargo de un solo profesor, debe ayudar a sus padres en las duras labores que la agricultura y la ganadería implican, mostrando al mundo entero que ambas cosas son posibles, a pesar de todas las dificultades.
“Me gustaría ser una doctora”, agregó con inocencia.
LOS REGALOS ESPERADOS
En medio de la necesidad y el olvido, se vivió un ambiente de fiesta cuando Rómulo Leanderas (Yachay) y Erna Berg (Mamá Clara) llegaron con los paquetes de útiles escolares para ser repartidos entre los 5 niños del nivel primario y otros 4 pequeños que, contra todo pronóstico, ya son parte de la población tapeña.
“Queremos que estos útiles sean usados por ustedes, ya sea haciendo dibujos o escribiendo; y si se rompen o sufren algún daño, que sea mientras los utilizan”, les recordó Leanderas a los niños.
Por su parte, Erna Berg, con el español básico que la respalda, logró hacer entender su mensaje luego de ver los rostros de felicidad en cada uno de los pequeños. “No sé quién es más feliz, si ustedes o yo; pero si hoy muero, moriré contenta”, dijo.
Y en ese ir y venir de intervenciones, el profesor Moisés Cárdenas, quien recién se integra al pueblo, dio algunas palabras de bienvenida, al igual que algunos padres de familia.
La fiesta terminó y llegó la hora de volver.
DE REGRESO A AREQUIPA
El camino de regreso estuvo marcado por los dolores de rodilla, la lluvia torrencial y el temor a que las mulas resbalen y caigan en medio de una total oscuridad, obviamente junto a los improvisados jinetes.
Cuando iniciamos la caminata en horas de la mañana, el entusiasmo se dejó sentir a través de las bromas, la fluida conversación y las canciones que entonamos en diferentes idiomas. Sin embargo, durante el retorno, nuestro silencio dejaba escuchar con nitidez el potente ruido de los truenos que hacían eco en medio de la penunbra, llenando de miedo, sobre todo, a Erna, quien a pesar de haber dicho que moriría feliz después de lo vivido, hizo saber de sus miedos en voz alta, toda vez que la luz de los rayos mostraban la profundidad del cañón, justo cuando las mulas estaban al borde del precipicio. La ropa y los zapatos mojados por la lluvia hacían que el frío se sienta de manera penetrante en nuestros húmedos cuerpos; y la incertidumbre de no saber si estábamos a buen recaudo, trajo a mi mente los recuerdos más resaltantes de mi vida. Pensé en el vino, y a pesar de que no bebo ni una sola gota de alcohol, mi mente me transportó al cálido sofá donde disfruto de esta bebida sin beberla.
El frío asumió el protagonismo, dejando en segundo plano el temor a la muerte, porque al final cesaron los rayos y no había opción de ver el fondo del precipicio; y cuando prácticamente nos resignamos al terco andar de las mulas, divisamos las primeras luces de Cabanaconde.
“Por fin llegamos”, dijimos al unísono. Y así, mojados, muertos de frío y muy cansados, los tres coincidimos en que la aventura tiene que repetirse porque no hay primera sin segunda.

lunes, 20 de enero de 2014

Damnificados de Cabanaconde reciben ayuda

Caylloma. Un total de 182 damnificados del distrito de Cabanaconde, en la provincia de Caylloma, fueron favorecidos con la entrega de donaciones que hizo el Comité de Apoyo de la Asociación Cabanaconde City Colca-USA, que tiene como presidente a Roldano Bernedo.
Las personas que fueron víctimas del movimiento sísmico en julio del 2013, recibieron víveres así como frazadas y mantas. La entrega se llevó a cabo el pasado 18 de enero y fue supervisada por la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis (Yachay) de Arequipa.
Con múltiples actividades, los residente cabaneños en los Estados Unidos lograron juntar 14 mil dólares americanos, con los cuales ayudaron a sus coterráneos.

martes, 24 de diciembre de 2013

MAMA CLARA Y LOS NIÑOS YACHAY EN NAVIDAD


Tras 80 horas de viaje, llegó a Arequipa. Nuevamente vio el Misti, otra vez observó el cielo azul de la “Blanca Ciudad”. Su corazón latía fuerte de alegría. Vijaría a los andes, vería a los niños, pero esta vez no iba sola, aparte de los integrantes de la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis, YACHAY, la noruega Erna Berg Rogne, llegaba al Perú a compañada de toda su familia.
Tiene 65 años de edad, es maestra jubilada, desde hace 2011, ella llega desde su país Noruega para poder celebrar con los niños la Navidad. Y este año lo hizo con los niños de anexo de Chaiña que está sobre los 4800 msnm en el distrito de Cayarani en la provincia de Condesuyos a 9 horas de viaje en camioneta desde Arequipa.
Ella estuvo acompañada de sus dos hijos, Ørjan Rise Rogne y Øystein Rise Rogne,  además de su nuera Cecilie Marie Pederstad Rise, además de sus tres nietos.
Unos días antes tanto..... viajaron hasta la localidad de Tapay en pleno Cañón del Colca.
Aparte de regalarles juguetes, ofrecerles la tradicional chocolatada con panetón, pasaron grandes momentos de juegos con los pequeños que son beneficiados por la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis YACHAY.

Los primero que hicieron al llegar a Tapay fue jugar fútbol con los niños
Los noruegos y los pequeños la pasaron muy bien

Ørjan Rise Rogne explicando a los niños sobre su viaje y su familia
Los pequeños mostraron mucha curiosidad sobre algunos aparatos de los visitantes
Tras la entrega de regalos  la foto del recuerdo con la gente de Tapay
En Chaiña también se dieron su tiempo para jugar al fútbol
Ernita con los niños de Chaiña
Momentos de juegos sobre los 4800 metros sobre el nivel del mar
Las   mamás de los niños de Chaiña hicieron un gran regalo a Ernita


Hora de bailar después de todo estamos de fiesta porque llegó la Navidad

Los pequeños con sus regalos por la Navidad

viernes, 20 de septiembre de 2013

POR PRIMERA VEZ EN AREQUIPA SE DESARROLLA EL MINIATLETISMO


La Liga de Atletismo de Arequipa y la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis YACHAY,
desarrollarán por primera vez en nuestra ciudad el torneo de miniatletismo de acuerdo a las normas de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (en inglés, International Association of Athletics Federations, o IAAF).
Será este sábado 21 de setiembre desde las 9:00 horas en las instalaciones del estadio Umacollo, donde más de 100 niños tomarán parte de este evento, que tiene el apoyo del Centro de Alto Rendimeinto CAR y el el auspicio de la empresa SYRSA.
La actividad contará con la presencia de destacadas figuras del atletismo nacional e internacional, de la misma menera estará presente la dirigente de la Federación Peruana de Atletismo, Marita Letts Colmenares.
El Miniatletismo es un conjunto de actividades y juegos que se realizan dentro de un contexto de equipo y que hace posible la participación de todos los niños, aún con distintas condiciones naturales, en la totalidad de las propuestas presentadas.
Los movimientos atléticos básicos tales como carreras, saltos y lanzamientos son presentados en forma de juego, con demandas físicas sin grados de dificultad, que permiten que todos puedan realizar los distintos eventos.
Los encuentros de miniatletismo con las demás escuelas de la región proponen la formación de equipos integrados por distintas delegaciones con la consigna de competencia en equipos, dentro de un área restringida y utilizando un tiempo calculable, fomentando de esta manera la amistad, compañerismo y espíritu competitivo sano.

martes, 30 de abril de 2013

FUNDACIÓN MAMA CLARA DE NORUEGA Y YACHAY DE AREQUIPA ENTREGARON ÚTILES, MOCHILAS, BUZOS Y CALZADO A NIÑOS DE TAPAY


(Corazón latino)

No es la primera vez que los niños de Tapay ven una turista, pero se sorprenden cuando esta pequeña mujer de 65 años les habla mucho en un acento extraño que todos pueden entender.
-¿Da risa como habla no? Me pregunta Danitza Riveros. Casi sin mirarme. Oyendo y viendo con atención los gestos de esa mujer de pelo corto, tez muy clara y sonrisa inagotable.
No es la única que se queda casi con la boca abierta. En su pequeño rostro de niño andino, Fredy Quico, también la mira y se ríe.
“Ella es Erna Berg Rogne, una señora que escuchó hablar de ustedes, y que decidió venir a conocerlos, desde Noruega”.
“¿Noruega?”. Me apoyo en un mapamundi colgado en una de las paredes de esta escuelita N° 40418 ubicada en una de las murallas rocosas que conforman el Cañón del Colca. El pequeño Renzo Taco intenta adivinar donde queda ese lugar, todos quieren decir dónde está aún sin saberlo. Pregunto otra vez, y los niños participan, gritan, se inquietan.
“Ernita vino en avión a Perú, ¿alguien ha visto un avión? Su viaje duró 13 horas desde Europa hasta Lima, y de allí, hizo un viaje por tierra en bus, hasta Arequipa, en total ha viajado más de 30 horas”, les digo, intentando el cálculo mental del tiempo que hicimos desde Arequipa a Tapay para hacer una suma total, pero me distraigo al ver a Ernita, que también sonríe, mientras observa a estos pequeños niños que ella nos pidió conocer en diciembre del año pasado, y se olvida de todo lo que pasó, desde la madrugada de ese mismo día.

…
Fue complicado. El plan era llegar al distrito cayllomino de Tapay antes de las 10 de la mañana de ese sábado 27 de abril. Llamar a los niños, reencontrarnos con ellos, jugar con todos,  aplicar el taller educativo preparado por el día del trabajo, tomar un refrigerio, y retornar a Arequipa con calma. El viaje de ida no debía durar más de 6 horas.
Partimos en la madrugada. Junto con Alfredo Chamana como conductor, Roger Villalobos como voluntario y fotógrafo,  y Erna Berg Rogne, la ciudadana noruega que dirige la Fundación Mama Clara y activa colaboradora de la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis (YACHAY).
Pasamos por el Cañón del Colca antes del amanecer, y como siempre, un escenario espectacular. Ese paisaje, esa lejanía, aquel paraje, aquella energía, que despertaba de a pocos con el sol, nos motivaba a todos. Erna se mostraba feliz.
No vimos ningún cóndor pero identificamos el nevado Bomboya, especulamos acerca de Ciro Castillo, y otra vez admiramos toda esa expresión natural, tierra y roca, agua y naturaleza, obra de hombre y de divinidad, mezclados entre sí. “Yo no tendría problema en vivir aquí”, dijo Roger, “me gusta todo esto”.
Cerca de las 4:30 de esa misma madrugada, llegamos a Chivay, y unos ochenta minutos después, antes de bajar a la pampa San Miguel para entrar a Cabanaconde, divisamos el pueblo de Tapay.
Era apenas un grupito de casas con techos de paja y calaminas que parecían trepar la montaña, rodeadas de una mancha agrícola verde que contrastan con el color de las rocas. Y desde nuestra posición, a unos centímetros a la izquierda, los pueblos de Malata y Cosnirgua, lugar a donde hicieron una trocha, y al que debíamos llegar en sólo dos horas más, para continuar el camino a lomo de mula a Tapay.




Ese era el plan. Pero se perdió debajo de alguna filosa piedra de una zona denominada Cancospampa, (que está más cerca al pueblo de Ayo de la provincia de  Castilla), hasta donde llegamos y nos perdimos. Quizá debajo de esa misma piedra amarillenta y filosa que reventó uno de las llantas de la camioneta de YACHAY en la que viajábamos.
Y es que sin señalización, cualquier se pierde. Salimos de Cabanaconde en la dirección indicada y por sucesivo consenso de muchos pobladores, tomamos una pista ancha y afirmada (que conduce a Huambo), vimos una carretera más pequeña, pero la ignoramos.
Seguimos adelante, y luego de unos minutos aparecieron las dudas pero desaparecieron los campesinos. No había nadie a quién preguntar.
Seguimos adelante. El recuerdo del anterior viaje era un rodeo por los cerros antes de iniciar el descenso. Dejamos la carretera ancha que se iba para la izquierda y nos fuimos por otra trocha más angosta que iba en la dirección al Cañón. “Esta tiene que ser”.
Unas huellas recientes de neumáticos nos entusiasmaban porque significaba que no era una ruta olvidada o abandonada. Alguien transitó hace muy poco por aquí, nos repetía Alfredo. Nos repetíamos entre sí. Pero el camino no se acercaba al Cañón. Erna dormía. Roger dejó de tomar fotos, y yo, quería encontrar a alguien para preguntar a donde llevaba esa vía.
Los minutos se multiplicaron, y después de casi una hora y media, de viaje por esa trocha, incluyendo el tiempo que demandaron nuestras múltiples maniobras para cambiar una de las llantas que se reventó pronto, decidimos detenernos.
Estábamos frente al Cañón del Colca pero ya no veíamos el pueblito de Tapay que trepaba la montaña. Decidimos seguir la trocha a pie hasta que de pronto se terminó. Era una trocha sin destino, excepto para llegar a un armatoste desde donde descendía un cable de hierro a otro cerro ubicado más abajo.
Con mucho tiempo perdido y rogando para que las piedras filosas se hagan redondas bajo las llantas, regresamos por nuestras huellas.
“Esa es una persona o ya estoy alucinando”, dijo Alfredo con incredulidad tras unos instantes de retorno. Se veía un grupo de vacas, ni Roger ni yo veíamos a nadie. Viajamos hasta allí sin ver una sola persona, y de pronto, un poblador montado a caballo se acercaba desde una de las lomas. Alfredo detuvo el vehículo.
¿Sabe cuál es la carretera de Tapay?. Y el vaquero cayllomino nos respondió con un gesto que alargó nuestra preocupación. “Esto es Cancospampa, si siguen de frente, pueden llegar a Ayo, tienen que regresar hasta Cabanaconde otra vez”. Nos habíamos desviado tanto.
Decodifiqué su respuesta en minutos. Había que regresar más de 60 minutos, sobre los que habíamos perdido ya, y sin llanta de repuesto. “Tiene que entrar a una carretera pequeña, saliendo de Cabanaconde, a la izquierda”. Era la carretera que habíamos ignorado. Y ya eran las 9 con 30 de la mañana.



...
La Asociación YACHAY conoció a Erna a fines del 2011, y su participación a favor de los niños beneficiarios de los proyectos empezaron al año siguiente en el centro de atención de Cerrito de Huacsapata (Paucarpata, Arequipa-Perú).
Allí, la Fundación Mamá Clara, creada por Ernita en memoria de su madre Clara Rogne, financió la creación de una biblioteca que lleva ese mismo nombre, y en donde YACHAY aplica el proyecto “OK con Mis Tareas”. Los niños acuden a la biblioteca por las tardes, consultan libros, reciben apoyo y reforzamiento de profesores, y hacen todos sus deberes.
Ernita quiere mucho a estos niños, pero supo de los otros centros de atención de YACHAY, como Chaiña (Cayarani-Condesuyos) y Tapay (Cañón del Colca) y se interesó en ellos. “¿Allí son más pobres? ¿Puedo viajar a conocerlos?”, Me preguntó muchas veces.
Es por ello que a fines del año pasado, cargada con medicamentos para evitar problemas cardíacos o de altura, Ernita viajó a Chaiña, pueblito ubicado a más de 5 mil metros de altura, para entregar ayuda y obsequios a los niños del proyecto “Educación y Deporte en el Techo del Mundo” que aplicó YACHAY en ese lugar. Apenas volvió de ese viaje, dijo que otra vez quería regresar, pero con más ayuda.
Pero le faltaba conocer  a los niños de Tapay. Y es por ello que se organizó este viaje para que Ernita también pudiera entregar ayuda a esos pequeños, como parte de la 6ta. Campaña de Recolección de Útiles Escolares, Calzado y Mochilas “Protege un Niño 2013” que fue lanzada por YACHAY a principios de este año.
…
Y aunque las piedras no se volvieron redondas, tampoco clavaron otra de nuestras llantas. Eso hubiera significado un verdadero problema que seguramente nadie quiso pensar pero que los tres esperábamos con susto, en cualquier momento.
Alfredo  nos regresó pronto hasta aquella carretera que muy temprano miramos de soslayo. Y volvimos a calcular el tiempo de arribo. Erna aún hablaba poco y seguramente pensaba mucho sobre el destino al que debimos llegar a las 9 de la mañana, y que tardaba en aparecer. Eran casi las 11 del día.
El olor a desierto hasta donde habíamos llegado, extraviados, fue reemplazado nuevamente por el olor a chacra serrana, a eucalipto, el verdor nos animó, y aunque pronto también quedó atrás por la carretera que inició el descenso al río, ver nuevamente el Bomboya nos revitalizó aún más. Roger otra vez tomaba fotos.
“Allí está Tapay, es la carretera”. Si es que aún había dudas por haber tomado otro camino equivocado. Ver al pueblo trepando la montaña eliminó todo temor.
El problema ahora era la trocha que se nos mostraba desafiante, zigzagueante, angosta, siempre al borde del precipicio, que nos recibía atrevida, y que rajaba los bordes del Cañón del Colca, hasta llegar al mismo río para inmediatamente volver a subir.
La meta era Malata-Cosnirgua, pueblo donde termina esta carretera. Verla de lejos entusiasmaba a todos. Los niños nos esperaban desde las 10 de la mañana, y ya casi era mediodía. Debíamos llegar pronto.
Ursula, la madre de los pequeñitos André y Lenin, también nos esperaba en ese pueblito de paso, con 3 mulas de silla y 2 de carga. La eterna culebra de tierra por donde transitábamos con la camioneta, no terminaba. El pueblo de Malata estaba siempre a la vuelta de la siguiente curva, pero no llegábamos. Y todos estaban impacientes.
Erna abandonó el silencio y se puso a preguntar muchas cosas, pero principalmente, a comentar que la carretera no le gustaba. “Yo siento un poco de miedo”. No era la única, con excepción de Alfredo que enfrentaba cada curva con tranquilidad y destreza, y creo yo, hasta con emoción.
Finalmente llegamos a Malata. Debíamos bajar de la camioneta para subirnos a las mulas que estaban en Cosnirgua. A menos de un kilómetro de distancia. A la vuelta de una esquina que no llegaba.
Pasaron unos instantes, y ya estábamos reunidos con Ursula. “Los estoy esperando desde las 9”, nos dijo en un tono cargado con dosis de preocupación y reclamo. “¿Cuánto tiempo tardamos en subir?”, “40 minutos, un poco más”.






Ursula cargó con rapidez la carga preciada de útiles, buzos, zapatos y otras cosas más en las dos mulas de carga, y empezó a ajustar la silla de las mulas que los arrieros de todo ese lugar conocen como “taxis”.
Me preguntaba si ya habíamos pasado lo peor. Ahora había que enfrentar a las mulas, desde arriba. Jalar con fuerza el lazo que rodeaba sus hocicos, para dominarlas, gritarles para que caminen, y zumbar el látigo en el aire para que avancen más rápido. Pero principalmente, no mirar abajo cuando estos animales caminen por el borde de los caminos angostos sobre los pequeños precipios y quebradas.
Erna sabía que montaría una mula muchos días atrás. Y cuando las miró, no dejaba de sonreir, esperando el momento de subirse a una de ellas, hasta que Ursula la ayudó a montar. Y ya pronto, cabalgaba con menos temor.
Continuamos el ascenso a Tapay. Pasamos por una quebrada formada por un ancestral discurrir de agua de deshielo. Bajamos de las mulas para prevenir accidentes en caso alguna de ellas se resbalara. Pasamos esa pequeña corriente y volvimos a montar. La mula a la que se montó Roger no parecía estar feliz. Y lo demostró hasta en dos resbalones de sus patas. La adrenalina del viaje tenía otra intensidad.  “En este viaje, nuestro destino depende de alguien más”, coincidimos.
El intenso ascenso a lomo de mula, se confrontaba con el paisaje que teníamos en frente. Todo era fotografiable. Ya estuvimos muchas veces antes en Tapay, pero si era la primera vez que hacíamos ese camino. Y queríamos contemplar y admirar todo.
Lorenzo Taco, esposo de Ursula, nos esperaba en el camino. Se supone que debíamos llegar a Tapay antes del mediodía. Seguro se preocupó más por su mujer. Porque no retornaba. Pero pronto también ayudo al ascenso jalando la mula que montaba Ernita, quien ya no temía y sonreía mucho más.
Luego de una curva, un camino empedrado, el pueblo de Tapay se mostró pequeño pero majestuoso. Siempre nos preguntamos con Rómulo Leanderas, fundador de YACHAY, como es que decidieron los primeros pobladores de Tapay, ir a vivir hasta ese lugar, tan lejano, tan recóndito, tan bello, tan imponente. Un portal construido con piedra nos daba la bienvenida, y las casas con paredes de piedra y barro desfilaban frente a nosotros, hasta que llegamos a la escuela. En ese momento no interesaba el retorno. Era suficiente haber llegado.
Pero estábamos muy atrasados. Pasaron 50 minutos antes de llegar a Tapay tras salir de Cosnirhua, y ya eran las 2 de la tarde. 








…
La Asociación Yachasunchis Pukllasunchis llegó a Tapay en noviembre del 2007. Antes que se construyera la trocha hasta Malata, el único medio de llegar desde Cabanaconde era bajando a pie todo el cañón hasta el río, por casi 3 horas, y luego, subir a un taxi (o mula), por 1 hora y media.
Hasta el año pasado, los arrieros cobraban hasta 40 soles por cada traslado en mula. El viaje en bus de Arequipa a Cabanaconde que tarda 5 horas, no cuesta más de 15 soles. 
En cada descenso o ascenso siempre nos cruzábamos con turistas de todo el mundo, incluso asiáticos, que no dejaban de tomar fotos siempre mirando al cielo, a la espera ilusa de ver un cóndor sobrevolar por sus cabezas.
En el 2008, se inició el trabajo de YACHAY en Tapay, que en quechua significa “pueblo escondido”. Y dos años después, con el patrocinio de la Fundación Air France, la escuela de Tapay se convirtió en el centro de atención de YACHAY para la aplicación del programa “Educación y Deporte en el Techo del Mundo”, en favor de los entonces 25 niños que estudiaban en la escuelita.
Sin embargo, la falta de oportunidades y la búsqueda de mejores opciones, obligó a muchas familias a mudarse a Cabanaconde, llevándose a sus hijos a estudiar allí. Por ello hoy, la escuela de Tapay apenas cuenta con 9 niños en los seis años de nivel primario. Y en la pequeña escuelita de inicial, este año se matricularon 5 niños. Ernita quería conocerlos a todos.





…
Entre los obsequios que la Fundación Mama Clara llevó para los niños de Tapay, había un pequeño equipo de sonido. Y Ernita había preparado un cd con música noruega.
Luego de presentarse a padres y niños de la escuela, que la miraban entre sonrisas y sorpresa, les pidió que formen un círculo. “Yo quiero enseñar a todos un baile de mi país, se llama Clap Dance”, dijo y se alistó para hacerlo.
Erna Berg es una educadora jubilada, precisamente de niños de nivel primario, también es profesora de danza e instructora de pilates. Y cuando se pone a bailar, su sonrisa pareciera se hace más grande.
Los niños ya confiaban en ella, y empezaron a seguir sus indicaciones. Los padres, muchos tímidos, no se quedaron atrás, y el clap dance fue sumamente divertido. Todos se divirtieron, y algunos niños ya abrazaban a Ernita. “Yo estoy feliz de estar aquí", me dijo emocionada.
Pero era muy tarde. Luego de entregar los útiles, las mochilas, los buzos, los zapatitos, las golosinas para todos los niños, era momento de partir. Debíamos subir la carretera pegada al cañón, antes que anochezca. Y ya eran las 3 de la tarde.
Uno a uno, llamamos a los niños, los padres les ayudaron a ponerse los buzos nuevos de color rojo que hacía juego con la mayoría de caritas enrojecidas por el frio de ese hermoso pero templado valle altoandino. Los pequeños la abrazaban más. Los padres aplaudían, pero el tiempo corría. No podíamos quedarnos un minuto más.
Se había cumplido el objetivo y  correspondía volver. Algunos niños no querían irse del salón, recibieron un refrigerio con algunos dulces, y empezamos a despedirnos. Los padres agradecieron a YACHAY y a Mama Clara. Nos pidieron que volviéramos pronto, con más tiempo. La propia Erna quería abrazar y besar a todos los niños, y se quejó de que no tuvo tiempo para conversar con ellos y me repitió. “Yo quiero volver”.



















Alfredo nos esperaba en Cosnirhua, y debíamos bajar pronto. Y aunque el descenso debía hacerse a pie. Erna no mostraba incomodidad ni molestia. Estaba feliz. Con su más amplia sonrisa me decía todo. Me mostraba que era tan cariñosa con esos pequeños como si fuera su propia madre.
Toda la semana previa al viaje, Erna sólo hablaba de que quería conocer a los niños de Tapay, conmigo, y seguramente con todos los amigos que ya tiene en Arequipa. Y al parecer, esa necesidad de dar su afecto, su cariño, su amor, en sus gestos y en la ayuda que pudo llevar, no estaba satisfecha, por eso quiere regresar. Y una vez más confirmé que esta mujer es europea, pero tiene tanto sentimiento como una madre nacida en América del Sur, con un inmenso corazón latino. (CDG).
…


















*Todas las fotos de este post fueron tomadas por Roger Villalobos Medina, voluntario de la Asociación Yachasunchis Pukllasunchis (YACHAY).